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The Director's Tour—Spanish (español)

A lo largo de la historia, los artistas se han complacido imitando la naturaleza y engañando al ojo humano, impulso que ganó especial fuerza en la Italia del Renacimiento en mil cuatrocientos y mil quinientos. Esta habitación, pequeña y exquisita a la vez, es uno de los ejemplos más espectaculares. A primera vista, parece un interior totalmente equipado, con bancos dispuestos contra la parte inferior de las paredes y armarios en la parte superior. Más aún, los armarios incluso proyectan sombras. Pero todo se reduce a una mera ilusión. Al mirar con atención los muros, se descubre que toda la decoración está hecha con taracea, una elaborada técnica que utiliza las incrustaciones de madera. En esta pieza, el ilusionismo se eleva a su máximo exponente, con miles de piezas de diversos tipos de madera que, unidas, ofrecen un resultado extraordinario.

Este era el refugio privado, o studiolo, de Federico da Montefeltro y estaba situado en su palacio de Gubbio, en Italia. Federico fue un gran líder militar y en su studiolo encontramos diversas referencias a su gloria militar. En el rincón del fondo, a la derecha, encontrará un casco coronado por un águila, similar a los cascos expuestos en las galerías de armería y armaduras que acabamos de visitar. Pero la mayor parte de los objetos que aparecen hacen alusión a actividades pacíficas: los armarios de celosía contienen instrumentos musicales, aparatos de medición, libros, material científico y un pájaro en una jaula. Este es el «santuario» donde Federico podía exhibir su amor por el aprendizaje y entregarse a su disfrute. Un cronista del siglo XV lo describió como un hombre «siempre ávido de aprender algo nuevo cada día», y muy versado en la literatura y la historia de la Grecia y Roma antiguas. Un rasgo característico del Renacimiento fue el esfuerzo por igualar los logros de la Antigüedad clásica. En las artes visuales, forma parte de este patrimonio la representación realista del ser humano y de los objetos que lo rodeaban.

Nuestra siguiente parada es el vitral de un ventanal de la Edad Media. Para acceder a esta obra, salga del studiolo y gire a la izquierda. A continuación, búsquela en la pared que está a su derecha.



Johannes Vermeer, contemporáneo de Rembrandt, creó este luminoso lienzo en el siglo XVII. Solamente se le atribuyen treinta y seis obras, cinco de las cuales se encuentran aquí en el Met.

Vermeer debe su fama principalmente a sus cuadros de interiores tranquilos habitados por mujeres. En estos universos domésticos, Vermeer transforma escenas sencillas en realidad poética. Observe la tela blanca e inmaculada que cubre la cabeza y los hombros de la mujer. Fíjese también en la cuidada representación de los rayos de luz que entran en la habitación, desde la iluminación difusa de la pared a los destellos de luz sobre la jarra y el cuenco. Vermeer tenía un talento extraordinario para captar los matices de los efectos ópticos que produce la luz. La composición está estructurada con un gusto exquisito y cada uno de los elementos aparece en perfecto equilibro. La escena parece totalmente aislada, y aun así remite a lugares lejos de Holanda. Por ejemplo, el mapa que hay en la pared sugiere la existencia de un mundo más allá de la habitación y la alfombra desplegada sobre la mesa es de procedencia turca.

Nuestra próxima parada nos lleva lejos de Europa. Regrese a la balconada del vestíbulo principal para viajar al Antiguo Oriente Próximo.


Esta figura de movimientos sinuosos captura un momento de una danza exuberante. El pecho, la cabeza y las caderas se mueven hacia direcciones diferentes. Es una postura prácticamente imposible y aun así el escultor ha logrado que parezca maravillosamente grácil y natural.

Las formas sensuales y la compleja silueta de la bailarina son rasgos característicos de la escultura india del siglo XII. El cuerpo se muestra desnudo, ornamentado únicamente con delicadas joyas que acentúan el movimiento de la bailarina y realzan la suavidad de la piel. Observe el contraste entre la elaborada tiara dentada y la serenidad del rostro que destaca.

La estatua refleja la creencia india de que la perfección física es símbolo de realización espiritual. Esta bailarina es un ser celestial que en su día se emplazó en un nicho de un templo hindú. Supuestamente, en el centro del nicho se encontraba la imagen sagrada de una deidad y en las paredes a su alrededor se habrían colocado otras esculturas, lo que representaba la emanación de la divinidad hacia el más allá.

Nuestra colección de Asia del Sur y Asia Sudoriental es excepcional y confío en que tenga tiempo para explorarla, pero ahora nuestra visita continúa en las galerías de arte japonés. Las encontrará al dar la vuelta y cruzar la sala. Atraviese las puertas de cristal que encontrará al otro lado. Estas galerías se cierran brevemente de cuando en cuando para dar cabida a nuevas museografías. Si las encuentra cerradas, continúe hacia las galerías de pintura europea, el mapa le ayudará a encontrar el camino.

Wheat Field with Cypresses

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